Por Justin Lahart y Anjani Trivedi,The Wall Street Journal
El Banco de Japón tomó el miércoles nuevas medidas para reactivar la economía del país, mientras que la Reserva Federal preparó el terreno para introducir una política monetaria de línea más dura en Estados Unidos.
Ahora que dos de los bancos centrales más poderosos del mundo avanzan en direcciones opuestas, los inversionistas podrían quedar atrapados en el medio.
Los riegos incluyen grandes cambios en los flujos de dinero mundiales que podrían impulsar al alza o a la baja la rentabilidad de la deuda estadounidense y provocar alteraciones financieras que den al traste con todos los esfuerzos realizados por los bancos centrales.
En esencia, el Banco de Japón dijo el miércoles que intentará controlar el mercado de deuda a largo plazo, que normalmente está regido por los inversionistas. Esto supone un cambio con respecto a su anterior estrategia de comprar una cantidad fija de deuda estatal a cualquier precio.
Además, la institución intensificó su retórica sobre la inflación, que no ha logrado reactivar. El Banco de Japón dijo que ahora espera superar, en lugar de alcanzar, su objetivo de inflación de 2%.
Concretamente, la decisión del banco central nipón de fijar un objetivo para la rentabilidad del bono a 10 años cercana al 0% -—por encima del nivel en el que se ha situado recientemente— altera los cálculos de los inversionistas y podría distorsionar todavía más los mercados de bonos, renta variable y divisas. Ya no existe un comprador dispuesto, sino una entidad que fija los precios.
El objetivo es mantener incluso las tasas de interés de más largo plazo en territorio positivo, y con ello aliviar a los fondos de pensiones, bancos y compañías de seguros de las tasa de interés bajas a largo plazo.
Sin embargo, las consecuencias de esta incursión en territorio todavía más experimental siguen siendo desconocidas y el objetivo de revitalizar la inflación es igual de lejano que siempre. Esto es especialmente cierto en un contexto económico mundial que, como dijo el miércoles la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, sigue atrapada en un periodo de bajo crecimiento.
Por su parte, la Fed envió el miércoles una señal clara al afirmar que prevé subir las tasas de interés para diciembre. En el comunicado emitido tras la reunión de política monetaria de dos días, la institución dijo que han aumentado los motivos que justifican un incremento del precio del dinero.
Sin embargo, pese a sus aparentes intenciones, que la Fed realmente los suba sigue siendo una cuestión abierta. Teniendo en cuenta su opinión de que endurecer la política monetaria demasiado pronto es mucho más peligroso que esperar demasiado tiempo, podría no hacer falta mucho para que el banco central modifique sus planes. Los futuros de fondos mostraron el miércoles una probabilidad levemente superior a 50% de que la Fed suba los tipos de interés en diciembre.
Los planes de política monetaria de ambos bancos centrales plantean riesgos para los mercados. Uno de ellos en Japón consiste en que la intromisión del Banco de Japón en la curva de rentabilidad en realidad hace que sea menos estable, o anima a los inversionistas a poner a prueba la determinación del banco o a intentar eludirlo influyendo en partes del mercado que el banco no intenta controlar.
En Estados Unidos, los inversionistas podrían no estar tomando las intenciones de la Fed lo bastante en serio, repitiendo el error que cometieron antes del incremento de tasas del año pasado, con lo que corren el riesgo de que la Fed los tome por sorpresa.
Pero los mayores riesgos podrían provenir del hecho de que dos de los principales bancos centrales del mundo intentan hacer cosas muy diferentes al mismo tiempo.
El hecho de que el Banco de Japón intente fijar un objetivo para la rentabilidad de los bonos a largo plazo, por ejemplo, modificará el apetito de los inversionistas nipones por los valores del Tesoro estadounidense, y por ende influirá en las tasas de interés a largo plazo en Estados Unidos.
El plan de la Fed de incrementar las tasas de interés a corto plazo al mismo tiempo que el Banco de Japón —a través de su meta de superar el objetivo de inflación del 2%— sugiere que mantendrá las tasas de interés a corto plazo en territorio negativo durante un periodo de tiempo muy largo y podría enviar los flujos mundiales de dinero en otras direcciones.
Tanto la cautela de la Fed como el modesto cambio de estrategia del Banco de Japón muestran que los bancos centrales se han visto humillados en unos mercados que solían controlar. Los inversionistas parecen haber aumentado su confianza, contribuyendo a impulsar la renta variable y los bonos hasta nuevos máximos.
Si los prestamistas de última instancia están preocupados, los inversionistas también deberían estarlo.