Pese a contar con fundamentos macroeconómicos sólidos, el país se encuentra exiliado del auge en los mercados emergentes. El hecho de que el peso sea utilizado como cobertura por los inversionistas, exacerba los episodios de depreciación de la divisa
Este año, los mercados financieros han vuelto a resaltar la diferencia entre México y el resto de las economías emergentes.
Los activos mexicanos han estado exiliados de una tendencia alcista en los mercados emergentes.
Este auge se ha presentado incluso en países cuyo balance de riesgos incluye desde altos niveles de inflación hasta recesiones.
El argumento de que México es considerado un país con fundamentos macroeconómicos sólidos, repetido de manera insistente por las autoridades de política económica, no ha encontrado respuesta en las decisiones de los inversionistas globales.
En lo que va del año, el bono de deuda soberana a diez años de México registra un rendimiento negativo de 3.04 por ciento. Esto contrasta con el avance de 13.77 por ciento del índice de Bloomberg de bonos de deuda soberana denominados en dólares de países emergentes.
En un momento en el que las tasas de interés de las economías avanzadas se encuentran en mínimos históricos, los inversionistas han privilegiado la toma de riesgo en activos de países en desarrollo.
De acuerdo a HSBC, en el 2016, 11.5 mil millones de dólares han ingresado a fondos que invierten en bonos de deuda corporativa de países emergentes, una de las clases de activos de mayor riesgo en el mercado.
Este fenómeno se encuentra respaldado por los intermediarios de alto perfil del sistema financiero. El reporte de perspectivas de inversión para el cuarto trimestre de Blackrock, la firma de administración de activos más grande del mundo, mantiene una proyección positiva respecto a las acciones y a la deuda de países emergentes.
Sin embargo, los activos denominados en pesos han sido removidos de esta ecuación. En lo que va del año, el peso ha perdido más del 10 por ciento de su valor frente al dólar. La cifra contrasta con la apreciación de casi 20 por ciento del real brasileño en relación a la moneda estadounidense.
Aunque la posición fiscal de las finanzas públicas mexicanas se encuentra comprometida, los desbalances macroeconómicos de Brasil son de mayor magnitud. El año pasado, la economía brasileña se contrajo 3.8 por ciento. Asimismo, presentó una inflación de 10.7 por ciento y un déficit fiscal de 10.4 por ciento.
En cambio, México, que se encuentra en medio de un proceso de consolidación de sus finanzas públicas, espera alcanzar un superávit fiscal primario para el siguiente año.
Ganarse la confianza
Los mercados han sido particularmente críticos con el manejo económico de México en los últimos meses.
En verano, el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, dijo en una entrevista que el país tenía que ganarse la confianza del mercado todos los días.
Las declaraciones de Videgaray hacen referencia a una característica que diferencia al peso mexicano respecto a otras divisas emergentes: la moneda nacional se ha convertido en el instrumento de cobertura por excelencia de los inversionistas.
En momentos de estrés financiero, el peso mexicano es vendido para compensar las posiciones de pérdida de otros activos emergentes en un portafolio. Esto se debe a que la divisa mexicana cuenta con altos niveles de liquidez, es decir que es fácilmente intercambiable en el mercado.
FUENTE: http://www.reporteindigo.com/indigonomics/dolares-economia-hsbc